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Perù sconosciuto
18.11.2004

Pampa tomada
Las fotos del presidente
Ese viejo depósito, oscurecido por la sombra y el abandono, fue el increíble lugar en donde se "conservó" durante 71 años este histórico y preciado documento gráfico. Arrojado al azar, entre ruma de papeles -recibos, pliegos de reclamos, papeletas de multas, memoriales y viejas ordenanzas que quizás nunca se cumplieron-, el viejo álbum resistió la incuria del tiempo y la indiferencia de autoridades, funcionarios, empleados y obreros que han pasado durante siete décadas por ese municipio. "En realidad -dice Fernández Valle- ese depósito era considerado un basural dentro del Palacio Municipal. Allí, por decenios, se ha arrojado, en carretilla, toda clase de vieja documentación". En esa montaña de papeles amarillos, envuelto por ese inconfundible olor de tiempo viejo, el álbum esperó su oportunidad. "La gestión municipal de la alcaldesa Gloria Jaramillo tiene como compromiso la recuperación histórica y turística del distrito. Desde ahora, todo objeto, documento y personaje del turismo y la cultura, tiene importancia para el municipio", afirma el historiador mientras se apresta a mostrarnos el viejo álbum. Fernández Valle, como convocado por un sentimiento religioso, cogió el recordatorio con ese cuidado que suelen poner los viejos sacerdotes cuando toman la Biblia para oficiar una misa. Las tapas del álbum están hechas de cuero endurecido y de color oscuro. Aparte del lomo y sus perfiles, que están muy deteriorados, el resto se halla casi en perfecto estado. Su formato es apaisado. Tiene 30 centímetros de largo por 24 de ancho. Sobre la tapa dura, con letras doradas y herido en bajo relieve, se puede leer nítidamente la siguiente inscripción: "Celebración de la Fiesta de San Juan en la Pampa de Amancaes organizada por la Municipalidad del Rímac, con asistencia del Presidente de la República y el Cuerpo Diplomático. Lima, 24 de junio de 1928". Las fotografías que protege en su interior, con las elocuentes imágenes que ahora mostramos, lo dicen todo. Las 48 vistas tienen el mismo formato, miden exactamente 23 cm x 17.02 cm. La mayoría son en blanco y negro y otras de color sepia. Todas llevan un barniz brillante de la época. La autoría de las fotos no es un secreto. En un ángulo inferior del empaste se dice que fueron tomadas por el fotógrafo Pedro Ramírez Morales, sobre quien, hasta el cierre de esta rápida edición, no hemos podido hallar mayor información sobre su vida y sus tareas artística. Este álbum fue confeccionado por el entonces alcalde rimense Juan Ríos, quien, en más de una fotografía, aparece retratado orondamente con el presidente Augusto B. Leguía. "Como es obvio -asevera Fernández Valle- el álbum perteneció y pertenece a este municipio. Sobre el alcalde Juan Ríos tampoco tenemos mayores datos. Recién vamos a investigar y reconstruir la historia a partir de estas fotografías". Lo poco que sabe de Juan Ríos es que era un notable vecino del Rímac, muy amigo del presidente Leguía y que estaba interesado en modernizar el distrito con obras públicas. Fue padre del dramaturgo que tenía su mismo nombre, Juan Ríos, quien luchó en la Guerra Civil Española contra la dictadura de Franco. La gestión de este burgomaestre ha debido ser muy especial, tanto así que la comuna rimense y la memoria de sus vecinos lo ha premiado haciendo que calles y parques lleven hasta hoy en día su nombre. Parece que don Juan Ríos era muy dado al baile y al teatro, mismo virrey Abascal. El álbum contiene una fotografía dedicada por una hermosa actriz llamada espoñala Antonia Marcé. Con agradecida caligrafía, la dama escribió: "Para Juan Ríos que me ha hecho admirar el arte del baile peruano". A diferencia de las otras fotos, ésta tiene fecha del año 1924. Prometemos que en días próximos nos echamos a andar por veredas y archivos para indagar más sobre la vida, pasión y obra de este señor. El álbum abierto echa luz sobre dos días de la vida del presidente Leguía, que corresponden al 23 y 24 de junio de 1928. Curioso, según las fotografías, Leguía parece que era un presidente que nunca perdía ante cámaras su atildada imagen de elegante inglés y el rictus de gran señor. Siempre lucía terno oscuro. Infaltable el sombrero de tarro, que le venía bien, para disimular su baja estatura. Don Augusto, sin embargo, siempre exhibía un aire de distinción, sea entre los círculos aristocráticos o entre la multitud popular. Era un hombre que poseía fineza y estilo, incluso para coger el bastón o para sacarse o ponerse los guantes de seda. Según las fotografías, el álbum se divide en dos partes que corresponde exactamente a los dos días de visita de Leguía al Rímac. La primera, cubre el día 23, cuando el presidente del Oncenio, acompañado del cuerpo diplomático acreditado en el Perú, inauguró en el barrio bajopontino una calle denominada "Carácter". Precisamente en una de las fotos se aprecia, en postura impecable, al presidente acompañado del alcalde Juan Ríos, cuya elegante tenida tampoco desmerece la imagen. Corbata "michi", pañuelo en el bolsillo del saco oscuro. Arriba, sobre sus cabezas, se lee en un placa el nombre de la calle, "Caracter", que, según Fernández Valle, todavía está perdida en la memoria y en los catastros del Rímac. Las siguientes fotos ofrecen amplia cobertura del día 24. Leguía, en compañía por el mismo cuerpo diplomático, se dirigió a celebrar la popular y extinguida fiesta limeña de San Juan de las Pampas de Amancaes. En la vera del camino estacionaron sus modernos vehículos, unos modernos Ford modelo T de los cuales bajaron para zambullirse en el clamor del vulgo. Lima era una fiesta La fiesta de San Juan de la Pampa de Amancaes era una de las más tradicionales celebraciones populares limeñas. Hasta allí, a darse un baño de multitud, solía llegar Leguía tal como lo testimonian las fotos que conserva el viejo álbum el alcalde Juan Ríos. A pie o caballo, los limeños desde tiempo de la colonia, llegaban en rumorosa turba todos los 24 de junio. La fiesta era un lugar de encuentro gracias a la generosidad de la naturaleza. La densa neblina y la garúa persistente que caía sobre Lima cubría de verde vegetación la pampa y las colinas aledañas. "No debemos olvidar que cuando llegaron los españoles Lima era un bosque de árboles frutales. La pampa y las colinas de Amancaes eran una especie de recipiendiario de toda la humedad de la zona y se convirtió en una especie de loma", nos refirió alguna vez Juan Günther, uno de nuestros limeñólogos más respetados. En esa vegetación crecía, hermosa y silvestre, la flor amarilla de amancaes, a la misma que poetas, jaranistas, viajeros y pintores le han dedicado canciones y páginas de elogios. Leguía sabía bien de cuánto esta fiesta estaba arraigada en la conciencia de los sectores populares. Por eso, desde que fue elegido democráticamente en 1919 -aunque después deshizo el Congreso para crearse una ley reelección con nombre propio- se interesó, populistamente, en aprovechar cualquier oportunidad para darse baños de pueblo. Precisamente una de estas visitas es la que registra las fotografías que ahora mostramos. Sin embargo Leguía no era el primer gobernante que llegaba hasta la famosa pampa. Una remota historia narra que en 1681, el virrey don Melchor de Navarra y Racfull, Duque de la Palata, con traje de caza, se dirigía a dicha pampa en donde organizaba la cacería de palomas y venados con halcones y perros adiestrados. Era el virrey de la cetrería. Este pasaje histórico ha confundido a muchos autores que han creído que este fue el origen de los celebrados paseos a la pampa de Amancaes. La verdad es que no tuvo el principio pagano de un espectáculo de caza, sino el religioso de una milagrosa aparición, de una romería, refiere Manuel Vega Castillo, un cronista contemporáneo. Según Vega Castillo, todo empezó la tarde del 2 de febrero de 1582. Una joven esclava llamada Rosario Ramos se dirigía por la pampa hacia la iglesia de los dominicos, a quienes su ama enviaba un porongo de leche todos los días. La muchacha iba cortando flores de aquí y de allá, cuando de pronto fue sacudida por una fuerza extraña. Ante sus ojos se apareció la imagen de un Cristo Crucificado, quien le pedía que retorne a donde su ama y le diga que con toda la riqueza que posee, mande edificar un templo. El lugar de construcción estaría señalado con la imagen del Redentor grabado en una piedra. Así fue. Enterados del mensaje la ama y el prior dominico encontraron el rostro de cristo grabado en una roca, en donde colocaron una cruz. La dama entregó su fortuna para edificar la iglesia y el 24 de junio de ese año se organizó la primera romería a dicho lugar, ubicado en la pampa de Amancaes. A pesar de que no hay referencias históricas prehispánicas de esta festividad, Juan Fernández Valle asevera que esta comarca perteneció al curacazgo de Lima, denominado amancaes, cuyo curaca se llamó Caxa Paxa, quien vivía todo el tiempo en el Cusco como siervo del Inca, por lo que Taulichusco, curaca de Limac, se encargaba de administrar sus tierras. Probablemente estas historias y tradiciones no eran ignoradas por Augusto B. Leguía. Sin embargo siempre habrá algo más que decir. El historiador catedrático de la Universidad Villarreal Augusto Ruiz Zevallos, quien investiga actualmente esta extinta festividad limeña, sostiene que pudo tener un origen europeo. En el Viejo Continente también se celebra el 24 de junio la fiesta de San Juan, porque es mes que divide el año y esta festividad está asociada a la siembra y cosecha. Y tal como sucedía en Amancaes, en ese día se confundían todos los sectores populares. De allí que no es gratuito que el trovador español Joan Manuel Serrat, refiriéndose a la celebración de San Juan, en su canción "Fiesta", cante los siguientes hermosos versos: "Hoy el noble y el villano el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha y juntos los encuentra el sol a la sombra de un farol abrigando a una muchacha". "En este tipo de fiesta, como era la de San Juan de Amancaes, toda la sociedad confluye, en perfecta armonía; lo que no sucedía en la fiesta de carnavales, que más bien tenían el carácter desafiante de las clases bajas ante las clases altas", argumenta Ruiz Zevallos. Leguía, según Augusto Ruiz, visitaba a la pampa de Amancaes para institucionalizar la fiesta. Aparte de utilizarla políticamente, también buscaba disciplinarla. "Hay en Leguía una suerte de sutil voluntad controlista de los gustos y expresiones populares", agrega. Si el historiador no se equivoca, la presencia de Leguía no era inocente. "Este afán controlista es llevado por Leguía a una posición extrema: a la simbolización política. La fiesta de San Juan, como los carnavales, los convirtió en fiestas de exhibición y le dio 'estatus' de fiestas supuestamente 'civilizadas", afirma el historiador. No está lejos de la verdad. El cronista Manuel Zanutelli Rosas en uno sus trabajos cita la amargura y descontento que le provoca a Augusto Paz, criollo limeño del grupo "Karamanduka", las imposiciones de Leguía: "Ya la celebración de San Juan de Amancaes ha perdido por completo su sabor y estilo. Ahora todo tiene carácter muy serio, pues se realiza a base de un programa oficial". Efectivamente. Según las fotos de este antiguo recordatorio, Leguía y sus acompañantes representan el orden, la formalidad y la 'civilización' entre la turba popular. Por eso estableció competencias formales. En los carnavales se exhibían carruajes, ornamentos florales y se lucían las reinas. Leguía tenía una obsesión por el orden y la modernización del país y sus costumbres. Con todo, supo ganarse el aprecio de los sectores populares. En algunas fotografías se observa cómo el presidente dictador es saludado por la muchedumbre con sombreros en alto. En realidad, cosechó lo que sembró. Con astucia política, o con buena voluntad, Leguía en su gobierno mostró preocupación por los más necesitados. Por eso estableció competencias formales. En los carnavales se exhibían carruajes, ornamentos florales y se lucían las reinas. Leguía tenía una obsesión por el orden y la modernización del país y sus costumbres. Con todo, supo ganarse el aprecio de los sectores populares. En algunas fotografías se observa cómo el presidente dictador es saludado por la muchedumbre con sombreros en alto. En realidad, cosechó lo que sembró. Con astucia política, o con buena voluntad, Leguía en su gobierno mostró preocupación por los más necesitados. No faltaban los guitarristas. En una de la fotos, todos en fila, como golondrinas en un tendido eléctrico, se observa a los guitarristas haciendo trinar sus instrumentos musicales. En otras fotos, ya crepusculares, una pareja se agota como la tarde bailando sobre un tabladillo una danza del Perú profundo. Otras imágenes recrean las competencias de los caballos de paso peruano. El presidente, de confirmado gusto equino, contemplaría extasiado, evocando tal vez los modernistas versos de "El caballo de paso", del poeta José Gálvez: "El pecho dócilmente, gira activo y brioso, con un juego de riendas a un golpe de talón, se cimbra, cabriolea, se revuelve nervioso, y golpea los suelos con aire de matón". Todo era jolgorio. Al caer la tarde, una bamboleante turba, a pie o caballo, regresaba a Lima. Saciados de fiesta, de chicha, comidas y licores, el retorno era bullanguero. Muchos continuaban festejando en las fondas y casonas de Barrios Altos. La fiesta de San Juan de Amancaes sobrevivió a Leguía, quien murió en la mazmorra del Panóptico del Palacio de Justicia, en 1930, lejos del boato y del calor popular. En la afamada pampa, con la modernización y la avalancha migratoria de los provincianos, cambió el clima y los parajes. Sus lomas cambiaron la vegetación por el ladrillo y el cemento. Nunca más será verdad lo que alguna vez cantó Chabuca Granda en su viejo valse "Jose Antonio": "Por una vereda viene cabalgando José Antonio. Se viene desde Barranco a ver la flor de Amancaes". Nunca más. En la pampa y en las colinas murió la flor de amancaes. Guía de cronistas y viajeros El jolgorio en la fiesta de San Juan de Amancaes tiene memoria. Cronistas, viajeros y pintores, han escrito e ilustrado esta fiesta popular. El pintor alemán Juan Mauricio Rugendas, que estuvo en Lima entre 1842 y 1845, pintó al detalle el desborde popular. Las vivanderas, los vendedores ambulantes y parroquianos de la época, todos confundidos en una alegría general. Otro viajero, el marino francés Maximiliano Radiguet, escribió en 1841 la siguiente semblanza excitada: "Esta flor a la que denominan amancaes, es que que ha dado su nombre a la fiesta. La turba se traslada para cogerla (...). Hay que ver entonces a zambas y cholitas ebrias de zamacueca y aguardiente de pisco, la frente bañada en sudor, los cabellos sueltos, las narices dilatadas....". Willian Bennet Stevenson, viajero inglés, a su turno narró lo siguiente: En ese tiempo del año el ganado es llevado de las haciendas a los cerros (de Amancaes) para alimentarlos (...). El principal entretenimiento es beber leche y comer crustáceos y dulces. En la noche es muy interesante ver cómo miles de gente en coche, a caballo y a pie, retornan a la ciudad, casi cubiertos de flores de amancaes.
Andares
 
 
El presidente Leguía con el alcalde Juan Ríos

las pampas de Amancaes fueron escenario de festividades y de jornada de cacería y cetrería

Danzantes de la Jija de Jauja

En la pampa y en las colinas murió la flor de amancaes.

Un batallón de solemnes agentes de la Guardia Civil creada por Leguía, observan atentos a los danzan

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